Centros de Patrimonio


Museo del Ferrocarril de Madrid


Museos
28045 - Madrid
Paseo de las Delicias, 61
Comunidad de Madrid

Museo situado en la antigua estación de Delicias. Alberga una importante colección de vehículos ferroviarios, así como archivo y biblioteca


Información complementaria

Línea ferroviaria: Madrid - Ciudad Real
Año de construcción: 1880

El Museo del Ferrocarril de Madrid tiene entre sus fines conservar, estudiar y difundir el patrimonio histórico y cultural ferroviario. Esto se traduce en la reunión de una variedad de colecciones de carácter único y excepcional formada actualmente por más de 4.800 piezas que explican la historia del ferrocarril en España. La creación y formación de las colecciones tiene su origen en la gran exposición realizada en Barcelona en el año 1948 con motivo del centenario del primer ferrocarril peninsular. A partir de ese momento las cesiones, compras y donaciones aumentaron de manera notable contribuyendo a ampliar estas colecciones ferroviarias, que continúan hoy incrementándose.

El Museo está ubicado en la antigua estación de las Delicias, diseñada como estación término de la línea de ferrocarril de Madrid a Ciudad Real, que tenía continuidad hasta la frontera portuguesa por Badajoz. La línea fue abierta al tráfico de modo completo el 3 de febrero de 1879 y, poco después de un año, el 30 de marzo de 1880, se haría lo propio con la estación de Delicias, en un acto que fue presidido por los reyes de España, Alfonso XII y María Cristina.

La empresa que acometió la obra fue la Compañía de Ferrocarril de Ciudad Real a Badajoz y de Almorchón a las minas de carbón de Belmez, que sería absorbida en ese mismo año por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), que buscó deshacerse del edificio de Delicias, ya que su sede se encontraba en Atocha. De este modo, y después de diferentes negociaciones, la estación de Delicias pasaría a manos de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Cáceres y Portugal (MCP), que se encontraba en ese momento terminando sus líneas y buscaba un emplazamiento idóneo en la capital del Estado. De este modo, el proyecto llevado a cabo en Delicias por el ingeniero francés Émile Cachelièvre, se convirtió en la tercera sede central de una compañía ferroviaria en Madrid.

Desde su origen hasta sus años postreros, la estación se estructuró en tres áreas bien definidas y separadas según su uso: mercancías, viajeros y tracción. El servicio de mercancías estaba en el terreno comprendido entre la vía de salida de los trenes de viajeros y el ferrocarril de circunvalación, y disponía de muelles cubiertos y descubiertos para ganado y carbón, vías de carga y descarga, y patios de camionaje. El servicio de tracción se situó en el lado opuesto y fue creciendo hasta contar con depósito de locomotoras, puente giratorio, naves de reparación, aguadas, depósitos de agua y de combustible, grúas, vías y talleres de recorrido. Y, finalmente, el servicio de pasajeros, instalado en el edificio de viajeros, construcción singular formada por dos pabellones laterales adosados a la gran nave central de vías y andenes. Estas áreas de trabajo se complementaron con edificaciones como viviendas ferroviarias, pabellón sanitario, cooperativa o iglesia.

Cerrada la estación al tráfico de viajeros en 1969, y al de mercancías en 1971, algunos de los inmuebles que conformaron su patrimonio industrial han desaparecido o se han transformado al cambiar de uso, pudiendo recomponerse ahora parte de su biografía a partir de los estudios de arqueología industrial que se desarrollan desde el Museo del Ferrocarril de Madrid.

De todo el conjunto de construcciones ferroviarias de Madrid-Delicias, el edificio de viajeros es el inmueble más relevante de la estación. Estaba destinado al tránsito de viajeros, por lo que tenía una gran visibilidad pública. Además, se ha convertido en un gran ejemplo de la arquitectura e ingeniería de hierro por su estructura de hierro roblonado, material representativo de la revolución arquitectónica del siglo XIX y símbolo de progreso por su versatilidad y rapidez de construcción. En su ejecución se aplicaron conceptos nacidos de la revolución industrial, como la prefabricación de piezas, el ensamblaje como sistema constructivo, la estandarización y la economía de medios. Por ello, los materiales empleados fueron los habituales de edificios industriales, el hierro y el ladrillo, a los que habría que sumar otros más clásicos como granito, pizarra y vidrio.

Su tipología fue la dominante en las estaciones de ferrocarril desde mediados del siglo XIX, cuya planta corresponde al modelo formado por tres espacios: dos pabellones laterales y paralelos, uno para las salidas y otro para las llegadas, adosados a la gran nave central. Los pabellones, de 175 metros de largo por 12 metros de ancho, se realizaron con estructura metálica de hierro y muros de fábrica de ladrillo, vistos y encalados, y en ellos se ubicaron las dependencias afines al espacio de trabajo. Según los planos del proyecto de 1878, el corredor de llegadas estaba constituido por sala de distribución de equipajes, sala de descanso para espera de equipajes, almacén de bultos extraviados y cochera, dependencias que se cambiarán a tenor de las modificaciones presentadas por la compañía, el 2 de agosto de 1879, al proyecto aprobado, convirtiéndose, mayoritariamente, en oficinas tras la supresión de un edificio para la Administración proyectado en la cabecera. El pabellón de salidas dispuso de más dependencias, salas de descanso de 1ª, 2ª y 3ª clase, despachos de billetes, consigna, bultos extraviados, servicio sanitario, inspecciones, despachos del jefe y subjefe de estación, telégrafo, caloríferos, retretes, fonda, cantina e, incluso, salón real. En este corredor se encontraba el vestíbulo que, aunque esta pieza era el símbolo de prestigio de la compañía ferroviaria, en Delicias fue sencillo, destacando del resto de las dependencias por su mayor tamaño y ornamentación exterior. Según el proyecto, el vestíbulo era un espacio diáfano de 40 metros de largo por 18,25 metros de ancho y 17,40 metros de alto, aproximadamente, destinado para viajeros y agentes, con despacho de billetes y equipajes, pero ha sufrido grandes transformaciones a lo largo del siglo XX. Entre 1906-1907 se centralizan en él los servicios de salidas/llegadas, adaptándose el espacio a ambos usos. Posteriormente, en la década de 1930, el vestíbulo se dividió en plantas, manteniendo el servicio en la planta baja y creándose oficinas en las superiores. En torno a los años 1950, se decoró el vestíbulo con altos zócalos de azulejería en paredes y pilares interiores. Su exterior aún mantiene la marquesina volada en el patio de carruajes, a diferencia del antiguo pabellón de llegadas cuya marquesina original fue trasladada a la actual entrada del Museo del Ferrocarril.

La nave central formada, originariamente, por cinco vías y dos andenes, dispone actualmente de tres andenes y cuatro vías, fruto de las obras acometidas en la década de 1930. Es un espacio diáfano de gran amplitud, de 170 metros x 35 metros y más de 22,5 metros de altura, que se cubre con armadura de hierro. Este esqueleto metálico, procedente de los talleres Fives-Lille, fue erigido in situ por el ingeniero M. Vaseille y cubierto de palastro galvanizado ondulado. Esta armadura está articulada por 17 cuchillos que forman un todo compacto con los pilares de sostén, pilares que se fijaron al suelo mediante una cimentación hundida resultando, en su momento, una gran novedad ya que su técnica constructiva se inspiró en la Galería de Máquinas presentada por Henri de Dion en la Exposición Universal celebrada en París en 1878, en la que se inspiró Cachelièvre. La destrucción del ejemplo francés acentúa el valor de la montera de Delicias, que guarda extraordinaria semejanza con la celebrada Galería de Máquinas de 1878.

A diferencia de otras grandes terminales ferroviarias, en Delicias, las instalaciones de mercancías se situaron cerca del servicio de viajeros, junto a la línea del ferrocarril de circunvalación que conectaba Atocha con Príncipe Pío. El acceso se realizaba por un ancho camino y rampas a un patio de camionaje con muelles cubiertos y descubiertos, vías de carga y descarga y terrenos sobrantes para distintos usos.

En total, se realizaron tres muelles cubiertos idénticos y otro descubierto. De 1879 datan los muelles nº 1 y  nº 2, situados en hilera a continuación del edificio de viajeros, en paralelo a las vías. El muelle descubierto se puso a continuación del nº 2 y era de igual tamaño que los demás pero sin cubrir. Puesto que el tráfico de mercancías fue mayor de lo esperado, el 16 de febrero de 1880 se aprobó la realización del tercer muelle cubierto, situado frente al nº 2. Se trataba de sencillos edificios rectangulares de 99 m x 15 m, con cuatro fachadas iguales, dos a dos, y escaleras dobles en los extremos menores, además de tejados prolongados habituales en edificaciones industriales. El exterior es de ladrillo visto, con jambas y dinteles de ladrillo en relieve, y los muros interiores de mampostería ordinaria enlucida.

Si para el edificio de viajeros se usó una novedosa armadura, para los muelles cubiertos se empleó el tradicional sistema Polonceau. Este sistema de cubrir, utilizado frecuentemente en estaciones de ferrocarril y edificios industriales, se basa en una forma triangular cuya solución estructural consiste en el uso de vigas de hierro fundido con tirantes, bielas y tornapuntas, vigas armadas que descansan sobre las soleras. Sobre los cuchillos atirantados apoyaba el palastro galvanizado.

Debido al retraso en la construcción del edificio de viajeros, motivado por las inclemencias del invierno que impidió la llegada a tiempo del material de construcción procedente del extranjero, y deseando poner en funcionamiento el servicio de viajeros al estar concluida la línea Madrid-Ciudad Real, la compañía explotadora decidió habilitar el muelle cubierto nº 1 como zona provisional para el servicio de viajeros, aprobándose por Real Orden de 22 de abril de 1879. Los 99 metros de largo de la nave se dividieron en tres partes: despacho de billetes, factoría de equipajes y vestíbulo con salida al andén de viajeros; segunda, con las salas de espera de 1ª, 2ª y 3ª clase, inspección facultativa, subjefe y jefe de estación, telégrafo, inspección administrativa y aduana, con acceso directo al andén de viajeros; y la tercera zona era para mercancías. Dada la escasez de espacio, las oficinas de los factores se trasladarían al muelle cubierto nº 2.

Debido a la importancia de las expediciones de carbones de Belmez, que atravesaban la línea Ciudad Real-Madrid, y del transporte de ganados de tierras extremeñas, en mayo de 1879 se aprobó la construcción de dos nuevos muelles, uno para carbones y otro de ganados y, posteriormente, otros más, incluso un muelle para descarga de pescado.

La exposición permanente del Museo del Ferrocarril de Madrid tiene como principal objetivo mostrar de modo ordenado y coherente las claves principales de la historia del sistema ferroviario.

El Museo ofrece en sus salas una exposición que propone diferentes itinerarios temáticos relacionados con la tracción ferroviaria, en sus tres aplicaciones -vapor, eléctrica y diésel-, la infraestructura de vías e instalaciones, el control del tráfico ferroviario, la importancia de la medida del tiempo en el mundo del ferrocarril o la exposición de maquetas a escala con trenes en movimiento.

Con las tres premisas clásicas de los fines museísticos -conservar, estudiar y difundir- como marco de referencia, el Museo del Ferrocarril de Madrid propone una visita para conocer cómo eran y cómo funcionaron estos objetos, artilugios y vehículos ferroviarios que se encuentran distribuidos a lo largo de diferentes salas:

  • Nave Central, con material rodante y algunas piezas de menor tamaño distribuidas a lo largo de los andenes. Bajo la marquesina inspirada en la de Henri de Dion, se ubica el espacio de andenes y vías donde están expuestas las locomotoras, automotores y coches que constituyen la parte principal de la colección del Museo del Ferrocarril de Madrid. El espacio queda delimitado por el discurso que se realiza en cada una de las cuatro vías sobre las que se sitúan los vehículos, junto a los que se ubican paneles explicativos. Además, en los andenes contiguos se sitúan también algunas piezas menores que complementan la información.
  • Sala de Infraestructura, que recoge las características básicas de la construcción de ferrocarriles y sus elementos. En el sistema ferroviario resulta esencial garantizar una infraestructura adecuada para que la circulación de trenes se haga con la mayor eficiencia. Por esto, con el nacimiento de las primeras empresas ferroviarias, se establecieron grandes departamentos para la construcción y el mantenimiento de estas infraestructuras. Estos departamentos se denominaron en un primer momento Servicio de Vía y Obras, y se ocuparon principalmente de mantener en buen estado de uso las obras de grandes dimensiones, como túneles y puentes, o los carriles, traviesas y balasto; pero también, conforme se hacía más complejo y completo el sistema ferroviario, atendían el mantenimiento de las señales de circulación de los trenes, de los enclavamientos mecánicos que las movían o de la supervisión de las primeras líneas electrificadas que se instalaron. En la Sala de Infraestructura del Museo del Ferrocarril de Madrid se puede hacer un amplio recorrido por la evolución de todo este sistema. La sala está organizada con una vocación claramente didáctica, en la que se pueden conocer tanto los principales aparatos y elementos que conforman la infraestructura ferroviaria, como su significado y evolución histórica. Junto a algunos modelos a escala, existen aparatos reales y la reproducción de una instalación de vía completa, con carriles, traviesas, balasto y catenaria eléctrica.           
  • Sala de “Andaluces” que toma su nombre de la primera locomotora de vapor 020-0201 de la Compañía de Andaluces que preside la sala. En 1890 esta máquina pasó a ser la locomotora número 01 de la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, siendo la más pequeña que ha circulado por vías de ancho ibérico. Completa el espacio expositivo la variada colección de placas de construcción, numeración o denominación de vehículos ferroviarios que se muestran alrededor de sus paredes. Las vitrinas que rodean la sala ofrecen al visitante cerca de seiscientas piezas de la colección de modelismo ferroviario Carlos Pascual Quirós, una de las más importantes del mundo en su género. La muestra abarca todas las escalas (H0, G, TT, H0e, H0m, etc.), así como piezas europeas y de otros continentes.
  • Sala de Relojes, con una sencilla muestra de relojes. El interés por la precisión en la medición del tiempo y los avances técnicos derivados de ello tuvieron, a lo largo del siglo XIX, una estrecha relación con la evolución del ferrocarril. Éste necesitaba una dotación numerosa de relojes en la multitud de instalaciones relacionadas con el servicio ferroviario, como gabinetes de circulación, talleres, depósitos de locomotoras, factorías de mercancías, oficinas administrativas y un largo etcétera. De ahí que las compañías ferroviarias tuvieran un gran interés en colocar en sus estaciones principales grandes relojes procedentes de las firmas europeas más prestigiosas con los que, a modo de moderna torre de iglesia o de ayuntamiento, ofrecer la hora a todos los ciudadanos. En este contexto, el Museo del Ferrocarril de Madrid dispone de una serie de relojes y sistemas de relojería que se utilizaban habitualmente en las instalaciones y oficinas ferroviarias.
  • Sala de Modelismo, donde se ofrece una muestra de tres maquetas animadas de distintas épocas y escalas. La visión del movimiento de diferentes vehículos ferroviarios en miniatura fascina al visitante y le traslada a paisajes reales e imaginarios. Siguiendo su circulación por puentes, túneles, estaciones e instalaciones ferroviarias, el espectador va descubriendo un gran número de escenas, detalles y recreaciones... una representación a escala de la realidad. La tendencia natural del hombre a reproducir a tamaño reducido todo aquello que le rodea tomó un nuevo impulso con la aparición del ferrocarril. El atractivo de las locomotoras, coches y vagones surcando el paisaje hizo que, casi en paralelo a la implantación del ferrocarril, se iniciase la fabricación de juguetes, modelos y maquetas que evocaban este nuevo medio de transporte. La nueva industria despertó una irrefrenable pasión por su coleccionismo y un gran entusiasmo por la construcción de maquetas, actividad que actualmente constituye el pasatiempo favorito de millones de aficionados.
  • Exterior: En diferentes espacios exteriores a la propia nave central del Museo, se sitúan varios vehículos ferroviarios que completan la exposición permanente de material rodante. Una locomotora de vapor recibe en su pedestal a los visitantes a la llegada a la antigua estación de Delicias; otros vehículos se encuentran en las vías del exterior, tras la espectacular cristalera que cierra el edificio, tales como la grúa móvil Art-11971-RL (RENFE, España, década 1950), el automotor diésel 9404 (Compañía Auxiliar de Ferrocarriles -CAF-, España, 1935), o el coche de correos DGDC-222 (Ex A-24)(Sociedad de Material para Ferrocarriles y Construcciones, España, ca. 1892).
  • Enclavamiento de Algodor, ubicado en las vías exteriores, que incluye la mesa de palancas y el puente de señales (la visita al enclavamiento únicamente está disponible para grupos concertados). En el sistema ferroviario, un enclavamiento es una instalación de seguridad que permite controlar a distancia el movimiento de entrada y salida de los trenes en estaciones de tráfico muy denso y con varias vías de acceso. El principio bajo el que se diseña un enclavamiento es el de permitir el mayor número de movimientos de trenes en la estación de modo simultáneo sin que sean incompatibles. Esto es, no pueden entrar a la misma vía dos trenes o no pueden transitar por la misma aguja dos locomotoras en el mismo momento. Esto quedaba garantizado mediante un complejo sistema de llaves y cerraduras que impedían la apertura y cierre de señales para maniobras incompatibles. Se conoce como sistema Bouré y está diseñado de tal forma que al hacer un itinerario sólo se liberan las llaves de los aparatos y palancas que correspondan a ese itinerario, siempre y cuando no sea incompatible con otro movimiento ya programado. A este sistema complejo de gobernanza de la circulación de los trenes, que es la antesala de la informatización actual de los puestos de mando, se llegó en un lento proceso de modernización, ya que en un primer momento todos los movimientos de agujas y señales que se hacían en las estaciones no tenían garantizada la seguridad y todo se dejaba en manos de la habilidad del jefe de estación que daba las órdenes oportunas según la demanda de tráfico. El enclavamiento hidráulico de Algodor se construyó en 1929 por la empresa Bianchi-Servettaz italiana, siendo instalado por el servicio de Vía y Obras de la compañía MZA, que ya había realizado instalaciones similares en estaciones como Madrid-Atocha, Villaverde Bajo, Alcázar de San Juan, Sevilla-Plaza de Armas, Chinchilla, Albacete y Arcos de Jalón. El primero de ellos fue el de Villaverde Bajo, que se instaló en 1891. Este enclavamiento de Algodor fue retirado del servicio en el año 2000 cuando se sustituyó por uno electrónico, tras cerca de 70 años de servicio casi ininterrumpido, pues comenzó a funcionar en 1932 y sólo cesó entre 1936 y 1941 por la Guerra Civil. Tiene 110 palancas, de las que 70 son para mover señales y 40 para cambios de aguja. En la estación había dos puentes de señales. El ubicado en este Museo es parte de uno de ellos, otra parte se puede visitar en el Museo del Tren de Arganda del Rey, mientras que el otro puente completo se encuentra en Algodor. Para manejar toda la instalación, contaba con 15 km de tuberías distribuidas por toda la estación. Además de las señales que se ven en el puente, también había otras repartidas por la estación, como las señales avanzadas, las de entrada y los discos de maniobras. El enclavamiento de Delicias procede de la estación de Algodor, que es donde se cruzaban las líneas Madrid-Ciudad Real y Madrid (Castillejo)-Toledo, líneas están hoy clausuradas.  El edificio que aloja el enclavamiento es una réplica del original que se encuentra en la estación de Algodor y sus dimensiones son 7,28 metros de alto, incluyendo el semisótano, 2,55 metros de ancho y 13,10 metros de largo.

Además de la exposición permanente, el Museo organiza con carácter temporal exposiciones relacionadas con el transporte y el mundo del ferrocarril.

En relación a las actividades, se ha diseñado especialmente un Programa Escolar dirijido a los alumnos de las diferentes etapas educativas, entre las que se encuentra la visita guiada a la colección permanente del Museo, que se puede completar con talleres didácticos, un viaje en el Tren de Jardín o la asistencia a una obra teatral.

El primer domingo de cada mes, excepto en agosto, se celebra el Mercadillo de Modelismo, feria donde se puede comprar, vender o intercambiar artículos especializados en modelismo ferroviario.

Los primeros sábados de cada mes, excepto aquellos meses en los que el día 1 sea domingo que se trasladará al último sábado del mes anterior, se celebra la Feria del Coleccionismo, destinado a la compra, venta e intercambio de juguetes antiguos y de colección, cómics, tebeos, álbumes de cromos, etc…

Todos los sábados y domingos el Museo del Ferrocarril de Madrid ofrece una programación teatral dirigida a familias y público en general, como una opción para complementar la visita al Museo y unir así cultura ferroviaria y artes escénicas. Las obras escogidas tratan de transmitir diferentes valores: el trabajo en equipo, la convivencia, el respeto a los demás, la ilusión por descubrir nuevas experiencias y el perder el miedo a lo desconocido. También se incide en la importancia del tren, como medio de transporte moderno y respetuoso con el medio ambiente (www.teatrodelferrocarril.com).

El Museo también proporciona un servicio de información y conservación del patrimonio documental través del Archivo Histórico Ferroviario, la Biblioteca y Hemeroteca, y el Centro de Documentación, con multitud de documentación histórica.

El Museo del Ferrocarril de Madrid pone a disposición de empresas, instituciones y particulares varias salas y espacios con diversidad de aforo, en los que celebrar eventos culturales, corporativos o privados, tales como recepcióones, reuniones, cenas, sesiones fotográficas o rodajes cinematográficos.

Horario

  • De octubre a mayo:
    • Lunes a viernes, de 9:30 a 15:00 horas.
    • Sábado, domingo y festivos de 10:00 a 19:00 horas
  • De junio a septiembre:
    • Lunes a domingo, de 10:00 a 15:00 horas.
  • Cerrado: 25 de diciembre, 1 y 6 de enero.
  • Archivo y Biblioteca: días laborables de lunes a viernes de 10.00 a 14.30 horas. Cerrados los días festivos de Madrid, y el 24 y 31 de diciembre. Abierto primer domingo de cada mes, de 10.00 a 14.00 horas (excepto agosto).

  • Tren de jardín: todos los sábados, (excepto julio y agosto), de 11.30 a 14.00 horas. En Mercado de Motores, también sábados (de 11.30 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00); y domingos, de 11.30 a 14.00 horas.

  • Feria de coleccionismo "La Estación": primer sábado de cada mes (excepto agosto), de 10.00 a 19.00 horas. Junio/Julio: de 10.00 a 15.00 horas.

  • Mercadillo de Modelismo: primer domingo de cada mes, de 10.00 a 15.00 horas (excepto agosto).

  • Mercado de Motores: segundo sábado y domingo del mes, de 11.00 a 21.00 horas. El Museo cierra en su actividad ordinaria.

Tarifas

  • Tarifa sábados y domingos: 3 €
  • Tarifa lunes a viernes: 6 €

*Tarifa opcional con carné de familia numerosa (aplicable con un mínimo de un adulto y un niño), adultos, 4 €; descendientes 1 €

  • Reducida *: 4 €
    • Personas mayores de 65 años.
    • Niños de 4 a 12 años.
    • Estudiantes.
    • Titulares de carné ferroviario vigente.
    • Miembros de asociaciones de Amigos del Ferrocarril.
  • Superreducida* (incluido fin de semana): 1 €
    • Personas con discapacidad.
    • Ciudadanos de la Unión Europea en situación legal de desempleo.
  • Gratuita:
    • Niños menores de 4 años acompañados de un adulto
    • Miembros del ICOM
    • Empleados de empresas ferroviarias pertenecientes al Patronato de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles
  • Descuentos*:
    • Carné de familia numerosa (mínimo un adulto y un niño): adultos 4 €; descendientes, 1 €.
    • Poseedores de pases y billetes: Combinado Renfe Cercanías + Museo / InterRail y EuRail (los poseedores de estas tarjetas obtienen un 50 por ciento de descuento sobre el precio de la entrada).
    • Grupos concertados (a partir de 16 personas)*: 3 €/persona. Imprescindible reserva previa. La tarifa de grupo no está sujeta a ningún tipo de reducción o exención adiciona
  • Teatro: Sábados y domingos, 6 €; festivos, 8 €. Niños de 4 a 12 años, 4 €, menores de 4 años, gratis. Sábados, domingos y festivos a las 13.00 horas, excepto en Mercado de Motores (segundo fin de semana del mes). El día 25 de marzo, Día Internacional de los Teatros, la obra se representará también a las 19.00 horas (precio 1 €).